lunes 8 de febrero de 2010


Los visitantes acuden a La Paz, Bolivia, en busca de algo verdaderamente fuera de lo común, querrán incluir en su itinerario el Mercado de las Brujas. Sin embargo, puede resultar difícil encontrar esta famosa pero pequeña colección de negocios y puestos callejeros.  
Los comerciantes que venden los habituales productos indígenas, como textiles, objetos de cuero, canastos, sombreros y camisetas de fútbol suelen sonreírse cuando se les pregunta por el mercado, y encogiendo los hombros, dicen que no saben dónde se encuentra.
Sin embargo, el mercado, muy similar a otros que lo rodean, sí existe. Está ubicado en el corazón del bullicioso barrio aymara de la ciudad, en la calle Linares, aproximadamente equidistante entre la Avenida Illampu, una ajetreada arteria, y el Prado, la principal avenida del centro de la ciudad. Allí, un cerrado grupo de mujeres aymaras ofrecen una mezcla de remedios tradicionales y curiosidades que atraen a un creciente número de turistas. En los últimos años, los visitantes internacionales han superado a los clientes locales, convirtiéndose en la principal fuente de ingresos del mercado.
Quienes lo visitan por primera vez se sorprenden con esqueletos secos de sapos y fetos de llama, que se utilizan en las ceremonias tradicionales bolivianas. Plantas medicinales, hojas de coca y amuletos, compiten en los abarrotados espacios con productos comerciales como velas utilizadas para ofrendas y pequeñas cajas de incienso que se asegura ahuyentan los malos espíritus. También se venden botellas que contienen polvos que supuestamente producen un mayor placer sexual.  
Algunos de los kallawayas (curanderos) del mercado realizan hechizos y mezclan pociones destinadas a satisfacer las necesidades particulares de los clientes. Las mujeres que generalmente atienden la mayoría de los puestos, por lo general acompañadas de sus niños, contestan con una sonrisa cuando se les pregunta si verdaderamente son brujas. Pero es obvio que sus hechizos han producido abundantes beneficios: el negocio es muy rentable y crece cada dia que pasa. 

miércoles 27 de enero de 2010

La intensidad de las lluvias inusuales de los últimos días ha producido deslizamientos de lodo bloqueando en 5 puntos la vía férrea CUZ/MAPI/CUZ.


Varias cuadrillas de obreros ya trabajan en la zona para reestablecer su funcionamiento normal durante el fin de semana.


Haber declarado “estado de emergencia” durante 60 días a la región de Cusco no significa que la zona sea inaccesible y no se puedan visitar los puntos turísticos, sólo implica que los fondos del gobierno sean destinados a los daños y reconstrucción durante ese lapso de tiempo.


Es importante mencionar que el resto de los destinos del Perú no se han visto afectados por estos cambios climáticos atípicos, estando seguros que en los próximos días la operativa de Cusco se normalizará.


Alar Arqueología

miércoles 20 de enero de 2010




Según los historiadores, la comida de los españoles que llegaron al Imperio de los Incas, era primordialmente puerco y pan de cazabe. Este tipo de pan, era preparado con tapioca, una fécula blanca que se extrae de la raíz de la mandioca, que a su vez, es una especie de yuca. Dicha fécula permitía una durabilidad de hasta un año o más, sin que se malograse el pan, salvo cuando era mojado. Aparte llevaban aceite, vino y garbanzos.

En todas sus travesías por tierra, se desplazaban con una piara de cerdos, a los cuales tenían que cuidar como su propia vida, pues de ellos dependía principalmente su alimentación.


Durante los primeros años y gracias a la aclimatización de los puercos en América, los ibéricos no tuvieron mayor problema de subsistencia. Carne de puerco y pan de cazabe, era todo lo que comían. Cuando llegaron los españoles en mayores contingentes, empezaron a tener problemas con el número de puercos que podían criar, aparte de la leña que debían utilizar para cocinarlos. Esa fue una de las causas para un cambio de capital en el gobierno que estaban formando.


La comida Inca era más variada y consistía de papa, oca, olluco, camotes, yucas, maní, zapallo, maíz; aparte de cuyes, llamas, vacas, aves y pescado. Cuentan los historiadores, que los ibéricos tenían pavor a quedarse sin comer puerco que era la única carne que sabían consumir.


Habían tenido algunas malas experiencias en las que inclusive, llegaron a comer carne humana; como cuando el capitán Juan de la Casa, tuvo problemas en el Golfo de Urabá, cerca a República Dominicana; al igual que Pánfilo de Narváez, en el Golfo de México. En ambos casos tuvieron que alimentarse de los cuerpos de sus propios compañeros fallecidos.

Los españoles, una vez asentados en tierra americana, se fueron adaptando a la comida autóctona Inca. Comenzaron con el maíz, luego las frutas, aunque tardaron muchos años en adaptarse a la carne de vaca, de oveja y de llama; tanto como a la harina de trigo.


viernes 15 de enero de 2010






La capital leonesa cuenta desde el 2007 con una Ruta Arqueológica Romana que recorre los restos de la Legio VII Gemina, el campamento romano que dio origen a la ciudad hace 2.000 años. A lo largo de siete puntos, el visitante recorrerá los lugares conservados más emblemáticos del antiguo campamento en los que se muestra el rico pasado histórico de la ciudad.
Del mismo modo que el peregrino sigue las conchas que marcan el Camino de Santiago, en la Ruta Romana se han colocado en el suelo huellas de bronce procedentes de una sandalia de un soldado romano.
La ruta refleja la huella de aquellos que vivieron en León hace 2.000 años y que han dejado su huella en la ciudad y que han transmitido una herencia magnífica en forma de piedras y bajo tierra. 
El punto de partida de la Ruta es Puerta Obispo, lugar en el que se ubicaba la 'Porta principales sinistra', una entrada flanqueada por dos torres gemelas que permitía el acceso al campamento desde el este. Junto a esta puerta se ubica también las termas y letrinas que formarían parte de las grandes termas legionarias.


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lunes 28 de diciembre de 2009



De majestuosa arquitectura tanto civil como religiosa (siglos XVI al XX), magníficos museos con obras artísticas de gran valor; riqueza gastronómica como las chalupitas, el mole, los chiles en nogada, los camotes, alfajores y las clásicas tortitas de Santa Clara; artesanía reconocida en todas partes como la excelente cerámica de talavera; además de leyendas, ferias y fiestas tradicionales, Puebla es todo un tesoro invaluable.

Esta ciudad se ubica sobre el fértil y extenso valle de Cuetlaxcoapan, custodiado por tres imponentes volcanes: Popocatépetl, Ixtaccíhuatl y la Malinche. Su fundación tuvo lugar en 1531 y respondió a la expectativa de los conquistadores de crear una villa exclusiva de españoles, entre el camino de Veracruz a México. Un halo de leyenda envuelve este hecho, pues se dice que la perfección del trazo de sus calles se debe a los mismos ángeles celestiales. Doña Isabel de Portugal, reina de España, le otorgó el título de Ciudad de los Ángeles, y con el correr del tiempo la conocemos popularmente como Puebla de los Ángeles.

Al caminar por las extensas, rectas y estrechas calles de su centro histórico, se tiene la oportunidad de admirar el mosaico de sus numerosos inmuebles, destacando aquellos cuyas fachadas lucen la combinación armoniosa de ladrillos con azulejos y relieves artísticos en argamasa blanca, que distinguen a Puebla a nivel nacional. La preservación de este patrimonio urbano–arquitectónico fue la razón principal para que el centro histórico de Puebla ingresara a la Lista del Patrimonio Mundial, el 11 de diciembre de 1987.

En un principio, México postuló a Puebla junto con la ciudad de Cholula, tal y como lo hiciera con Oaxaca y Monte Albán. Sin embargo, dicha propuesta no prosperó, pues el desarrollo urbano modificó seriamente las relaciones espaciales entre ambas ciudades, razón por la cual sólo fue aceptado el centro histórico de Puebla.

miércoles 16 de diciembre de 2009


 

Algunos datos curiosos nos indican que las grandes fiestas familiares en Quito y en las demás ciudades constituían los bautizos, cumpleaños, festejos por nombramientos para un cargo de importancia. Las fiestas duraban muchas veces días y hasta semanas en las quintas y haciendas.

Los bailes eran acompañados de pequeñas orquestas: con violines, guitarras, mandolinas. Las mansiones eran cubiertas con cortinajes negros y se levantaba un templo. Las personas guardaban duelo estricto vistiendo ropas negras y recluyéndose en sus mansiones, prohibidas de asistir por conciencia y respeto a toda actividad social o de diversión.

Otra costumbre muy española era la tertulia que la realizaban en las primeras horas de la noche. Se citaban en las diferentes casas de amigos. Asistían padres e hijos.

Cada uno formaba grupos. Los mayores hablaban de política y los jóvenes se dedicaban a los juegos de salón traídos de España, como el de las sortijas y las prendas. Finalmente se servían una taza de chocolate caliente, con queso fresco para diluirlo en él, acompañado de bizcochuelos horneados en casa.

Muchas de estas costumbres todavía se mantienen como los ritos de la Semana Santa, que se celebran con una multitudinaria procesión que encabeza la imagen de Jesús del Gran Poder. Las fiestas de Navidad con novenarios que se hacen en las casas que se ofrecen para recibir al Niño Jesús y Finados, etc. Además se festejan los carnavales.

En épocas pasadas se jugaba con los llamados “cascarones” (huevos) que se lanzaban entre los jugadores, ahora se los ha cambiado por globos llenos de agua. Las fiestas de año nuevo, la fiesta de los inocentes, del 28 al 6 de enero. Antiguamente la celebraban con grandes bailes en salones, acompañados de la música orquestada.

Los quiteños y quiteñas lucían disfraces muy creativos. Además se aceptaban inocentadas o bromas llenas de humor y picardía. Esta costumbre casi se ha extinguido en la actualidad.

En los pueblos y ciudades pequeñas de la provincia, actualmente festejan el aniversario de su cantonización, las fiestas de la cosecha o Inti Raimi y otras como las del Paseo del Chagra en Machachi.

jueves 10 de diciembre de 2009




Muchas veces nos hemos preguntado, antes de iniciar nuestro viaje, ¿cuál es la moneda corriente en Perú? ¿Conviene cambiar en destino? ¿Se puede pagar en dólares? ¿Se puede pagar con tarjeta de crédito?

Pues bien, para los viajeros que visitan ese destino les informamos que actualmente la moneda oficial en la República del Perú es el Nuevo Sol existiendo billetes de 200, 100, 50, 20 y 10 Nuevos Soles así como monedas de 1, 2 y 5 Nuevos Soles y de 0,50, 0,20 y 0,10 centavos.

Su tipo de cambio es fluctuante aunque mantiene una línea entre los 2,90 y 3 Nuevos Soles por un dólar. Es importante mencionar que en Perú no hay ninguna restricción respecto al cambio de moneda extranjera. Los dólares americanos se aceptan en la mayoría de hoteles, comercios y supermercados de Lima y en las principales ciudades del país. Sin embargo otras monedas extranjeras, como el Euro, son más complicadas de cambiar para lo cual se aconseja acudir  a los bancos o casa de cambios.
  
En Perú las tarjetas más aceptadas son Visa, Master Card y Diners, aunque no en todos los comercios. También hay muchos cajeros automáticos que aceptan tarjetas internacionales para retiro de dinero, el cual será entregado en moneda local, Nuevos Soles.

Ahora ya sabemos, lo mejor para viajar a Perú es llevar dólares americanos e ir cambiando en destino tanto como vaya siendo necesario.